Introducción al auterismo: 'Toute une nuit' de Chantal Akerman
- Nuria González
- 28 nov 2020
- 6 Min. de lectura
Toute une Nuit puede parecer en papel una propuesta sencilla. La obra de la directora belga Chantal Akerman no tiene trama, ni diálogos, ni personajes con identidades explícitas. La transitoria diversidad en los escenarios presentados durante esta hora y media contrasta con las estructuras narrativas más convencionales en el séptimo arte. Pequeños lapsos en el día, o mejor dicho en la noche, de múltiples personajes en las calles de Bruselas capturan experiencias emocionales que muchas veces trascienden la palabra. En tanto avanza la película y las emociones nocturnas adquieren profundidad, la embriagante voz de la autora resuena con más fuerza. Toute une Nuit tiene ojos en los momentos más fugaces y espontáneos, en los lugares en los que la luz se convierte en oscuridad (y viceversa), en esas horas en las que dejamos que el silencio nos susurre al oído. Más allá de transmitir una historia en términos tradicionales, Akerman reproduce esta atmósfera nocturna en las vidas de sus solitarios personajes.
Al considerar la primera premisa en la teoría de autor, Chantal Akerman no solo demuestra competencia en el aspecto técnico del cine, la directora aprovecha cada recurso para revelar todas las relaciones envueltas en ese coqueteo con la soledad. Uno de los logros completamente abrumadores de Toute une Nuit es esa capacidad que tiene para envolver a cada uno de sus personajes con el espacio físico, articular sus momentos más íntimos en compañía de los muros y las calles que les rodean. Regularmente, la directora asigna una posición única a la cámara, exprimiéndole todo ese jugo melancólico a la mise-en-scéne. A veces somos un espectador estático en la calle que observa a través de puertas y ventanas, a veces presenciamos esa división entre la banqueta y el hogar, a veces solo miramos desde la esquina de un cuarto. La cámara no se mueve más que para seguir distanciadamente el movimiento de algún personaje, lo vemos perderse en las oscuras calles o en el espacio privado de su casa. Abandonar el encuadre es abandonarlo todo. Akerman le otorga verdadero peso emocional a los límites de la cámara. Al igual que las personas en pantalla, solo conocemos esta parte del mundo. Una vez nos despedimos ya no hay vuelta atrás, nos quedamos solxs en estos lugares que por alguna razón terminamos habitando.
En adición, el staging y blocking en Toute une Nuit desvela el carácter emotivo de muchas de las relaciones representadas en el filme. A pesar de no presentar movimientos complejos ni decisiones técnicas sumamente llamativas, la cámara tan estable de Chantal Akerman asume perspectivas críticamente reveladoras. Las interacciones que diseña entre sus actores, la cámara y el espacio son discretas pero de una ejecución técnica brillante. La quietud que emanan sus decisiones parece conspirar con esos deseos de atemporalidad en las altas horas de la noche, cuando queremos que un momento dure para siempre. Es imposible no relacionar esta dimensión del filme de Akerman con las palabras de Alexandre Astruc sobre el cine de autor, “Nosotros consideramos que esta idea, estas significaciones, (...) existen en la propia imagen, en el desarrollo del film, en cada gesto de los personajes, en cada una de sus palabras, en los movimientos de cámara que unen entre sí los objetos y a los personajes con los objetos” (p. 209). La técnica, en el caso de Toute une Nuit, responde inicialmente a esas emociones atrapadas en el ambiente taciturno de la noche.
Al comienzo del filme, Akerman nos introduce a los elementos estilísticos que predominan prácticamente todas sus escenas. La oscuridad es la eterna aliada de estos breves intervalos emocionales que rápidamente se escapan entre nuestros dedos. Una niña huye de casa en conspiración con su gato, una joven se escapa sigilosamente de sus padres, una mujer abandona a su marido con un poco de equipaje. No conocemos el destino de ninguna, pero pronto encuentran rumbo en el tapiz oscuro de la madrugada. En contraste con el hogar, la penumbra en las calles es un mundo en el que el amor encuentra un poco de libertad para desaparecerse del constreñimiento de la rutina diaria. Así como hay cierto placer en perderse en el profundo negro de la noche, la oscuridad también nos permite descubrir realidades con el más mínimo rayo de luz. El esquema de iluminación planteado en Toute une Nuit confiesa las vivas emociones en estos encuentros y no-encuentros, les permite a los personajes ser el centro del mundo, aunque sea por solo unos segundos. La luz guiada por la arquitectura enfrasca a un joven que observa a su pareja en cama mientras fuma un cigarrillo. La noche devela los sentimientos más honestos, esa intimidad que en unos momentos se disipará. Evitando restringir las posibilidades de la luz y su ausencia, Akerman le adjudica un rol fundamental dentro de la ambigüedad dispuesta a lo largo de su película. En Toute une Nuit una cosa siempre queda en claro, la oscuridad nos aísla de lo mundano, de pronto flotamos absortxs en nuestras propias sensaciones.
Acompañando la pasividad expresiva de la cámara y las sombras inmersivas se encuentra esa paleta de colores azules que envuelve la piel de la mise-en-scéne. La pureza en los colores del filme demandan una subordinación total a las intensas emociones características de una noche solitaria. “The way a film looks and moves should have some relationship to the way a director thinks and feels”, las palabras de Andrew Sarris parecen estar impresas en Toute une Nuit (p. 563). Un ejemplo estilístico adicional de la figura de Akerman como autora puede encontrarse en el silencio y su ocasional ruptura. Además de aportar a la atmósfera envolvente de la noche, el silencio permite que el corazón hable, asumiendo un control extrañamente blando sobre el cuerpo. Dos amantes observan el techo de una habitación, los sonidos, apenas perceptibles, permiten que nuestra intuición juegue un poco con la escena, predecimos una separación. “I don’t think we love each other anymore”, las palabras adquieren un peso inmenso en este vacío sonoro. En algunas secuencias escuchamos música. La reproducción de las piezas nos sitúa en la locación y se llega a recurrir a una reverberación que se adelanta varios años al surgimiento del shoegaze. Las canciones y su formato de presentación no son decisiones tomadas a la ligera. De hecho, nos terminan de inducir en la atmósfera embriagante creada cuidadosamente por la directora; los cortes hostiles de la música nos recuerdan el carácter pasajero de la noche y brindan nuevos significados al silencio posterior.
Siguiendo la misma línea, el silencio puede ser la clave para extrapolar aquellas cualidades que destacan exclusivamente en Toute une Nuit y en el resto del cine de Akerman, o como lo describe Sarris, “that intangible difference between one personality and another, all other things being equal”. El silencio permite que los gestos fluyan y las emociones se transformen. Los planos largos de Akerman exhiben esos intervalos con los que funcionamos durante esas raras horas del día. Un encuentro al azar entre dos extraños se transforma ante nuestros ojos en un baile apasionado que solo puede vivirse en esas habitaciones completamente libres después de la exhaustiva jornada laboral. La directora suele regalarnos escasos segundos de esa desesperación e indecisión presentes exclusivamente cuando no estamos ante los ojos de nadie. Cada que esperamos a una cita que viene tarde y nunca llegará o esos lentos minutos en los que escribimos una carta a una persona muy especial. Solo puedo describir estos momentos como los huecos entre cada encuentro romántico. La tensión generada en estos segundos de separación llega a ser resuelta con la decepción y el éxtasis. Las emociones se desbordan cuando se encuentra (o no) al otrx. La soledad se rompe, y de pronto quieres abrazar para nunca dejar ir ¿Qué esconde el silencio? Esa parece ser la pregunta que guía estas efímeras y especiales intervenciones de Chantal Akerman.
Por último, la repetición de espacios e interacciones en Toute une Nuit evade la monotonía al ser caracterizada por la visión tan patente de su directora. Muchas de las escenas en el filme transcurren en el mismo edificio, en apartamentos similares. El montaje yuxtapone estos escenarios tan parecidos, logrando así plantear numerosas preguntas sobre la soledad nocturna. La forma en que se vive la compañía durante estas escenas adhiere nuevos significados a los espacios que en teoría ya han sido explorados. Toute une Nuit se vuelve más personal cuando vemos a cada persona moverse dentro de su habitación y el encuadre de Akerman. El poder de estas imágenes contrasta con la descripción odiosa del realismo psicológico, predecesor de la teoría del cine de autor, realizada por Francois Truffaut “Esta escuela, que encara al realismo, lo destruye siempre en el momento de captarlo, ansiosa como está por apresar a los seres en un mundo cerrado, rodeado por las fórmulas, los juegos de palabras, las máximas, en lugar de dejarles mostrarse tal como son ante nuestros ojos” (p.224). Los cuerpos se convierten en el significante protagonista. Nuestra interpretación es intuitiva, dejamos poco espacio a la palabra porque no es necesaria.
Referencias
● Astruc, A. (1948). Nacimiento de «una nueva vanguardia: la «Caméra-stylo». L'Écran Français, 144.
● Truffaut, F. (1954). Una cierta tendencia en el cine francés. Cahiers Du Cinéma, 12.
● Sarris, A. (1962). Notes on the auteur theory.
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